Una baranda casi nunca se repite igual: cambia el desarrollo del tramo, el ángulo de la escalera y el punto donde se puede anclar. Lo que sí se repite es el sistema —pasamanos, parantes y relleno—, y sobre él se ajusta cada obra.
El dato que decide si una baranda dura o se afloja no es el diámetro, es el espesor de pared. En el pasamanos trabajamos entre 1,5 y 2,0 mm, que es lo que aguanta que alguien se recueste con todo el peso. En los parantes subimos a 2,0 mm o más, y ahí la razón es otra: si el tubo va a llevar rosca, tornillo pasante o pinza de vidrio, una pared delgada se deforma al apretar y el punto de fijación queda flojo desde el primer día.
En el interior —escalera, corredor, mezanine— el acero al carbono con esmalte para exteriores cumple y sale más económico. En balcón, patio o zona húmeda, el inoxidable evita el mantenimiento que el carbono va a pedir tarde o temprano; la pregunta ahí no es cuál se ve mejor, sino quién lo va a repintar en tres años.
Siguiente paso
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Todo el catálogo se fabrica bajo pedido, así que ajustar medidas o acabados no es un extra: es el proceso normal.






